¿Por qué no siento nada, doctor?

Han pasado veinticuatro horas desde que se han conocido los resultados de las elecciones generales, ¿por qué no siento nada, doctor?

Hace ya dieciséis años que viví por primera vez una victoria del Partido Popular en las urnas. Por entonces, un tal Eduardo Zaplana consiguió convertirse en presidente de la Generalitat Valenciana. Y creí que se acababa el mundo. De hecho, me hice socio de Acció Cultural del País Valencià porque pensé que era una forma de responder contra un gobierno que no me iba a representar. Ahora acaba de conseguir una mayoría absoluta el Partido Popular en el Congreso de los Diputados y en el Senado tras siete años y medio de gobierno del Partido Socialista y no siento nada. Creo no que puedo hacer nada. Acció Cultural del País Valencià hará poco por provocar el cambio: en dieciséis años no ha conseguido modificar la tendencia política en la Comunidad Valenciana, así que no lo hará ahora. Mal que me pese, por el lugar donde nací el dominio del Partido Popular no tiene competencia. SEGUIR LEYENDO

Una de propaganda anticastrista

Anonadado me hallo todavía. Han pasado cuatro días y no me lo puedo quitar de la cabeza. La madrugada del jueves pasaba por el dial de Radio Martí, la emisora propagandística oficial de Estados Unidos para Cuba, y me llamó la atención una especie de dramatización que estaban radiando. Era tarde, pasadas las dos; para Cuba esa hora es todavía pronto. Como el teatro radial está pasado de moda, al menos en España, me quedé escuchando.

Uno de los personajes simulaba ser una española emigrada a Cuba. Se detectaba que era española porque repetía sin parar las palabras “mogollón” y “maja”, además de tratar con un juvenil “tía” a su interlocutora cubana. La cubana, por su parte, llamaba “gallega” a la española. El dato definitivo para identificar correctamente a los personajes. Al parecer, la española llegó a Cuba atraída por el supuesto paraíso caribeño y lo que se encuentra es algo similar a lo que se vivió en España en la época de Franco, a quien llama cariñosamente “chaparrito”. Pero hay diferencias, claro. SEGUIR LEYENDO