El germen de la revolución

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Ayer no me sentí muy orgulloso de mi representante en Congreso de los Diputados. No, yo no voté a Santiago Lanzuela, preferí los encantos de Vicente Guillén. Pero siento que Santiago me representa porque salió elegido por la circunscripción en la que voto. Y el voto de mis vecinos vale tanto como el mío. Respeto la decisión de los otros, así como espero que los demás respeten la mía. Resulta que Santiago es el presidente de la Comisión de Economía y Competitividad del Congreso de los Diputados, cargo al que accedió en el mes de octubre para sustituir a Elvira Rodríguez, quien causó baja parlamentaria para pasar a dirigir la Comisión Nacional del Mercado de Valores, ese órgano que controla que los tiburones no se lleven el dinero de los pececillos en la bolsa y en los mercados financieros en general. Vamos, que Elvira va a ser la responsable de dar el visto bueno a algunos engendros como las participaciones preferentes de varias cajas de ahorro que a partir de 2008 se sabía que estaban casi quebradas. A lo que iba. Santiago, cellano para la Gran Enciclopedia Aragonesa, turolense en la biografía oficial, protagonizó el martes uno de los momentos más bochornosos de la legislatura.


Vídeo: Congreso de los Diputados.

Ada Colau, representante de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, asistió al Congreso de los Diputados para exponer la situación de miles de familias residentes en España acechadas por un desahucio. El hilo principal del discurso versó sobre la incomprensión de los poderes públicos ante el drama que viven muchos ciudadanos y la tolerancia que muestran los mismos poderes ante las necesidades de la banca. Santiago, como presidente de la Comisión de Economía y Competitividad, recriminó a Ada al finalizar la exposición por haber tildado de “criminal” al vicesecretario general de la Asociación Española de la Banca, Javier Rodríguez Pellitero, y criticar a los parlamentarios allí presentes por considerarlo un experto en la materia. “Los representantes de las entidades financieras han causado este problema; son esta misma gente la que ha causado el problema, los que han arruinado la economía entera de este país y ustedes les siguen calificando de expertos”, había afirmado la representante de la plataforma. Santiago dijo por esa boquita:

Señora Colau, mire, usted ha sido invitada aquí por un acuerdo de todos los grupos que están representados, en primero. De todos los grupos. Por un acuerdo muy claro y muy conciso. En segundo lugar, aquí, en esta casa, la libertad de expresión es una regla de oro y particularmente para quienes están representando a los grupos de oposición. Pero tenemos unos límites, señora Colau. Usted hoy, si hubiera sido diputada, le hubiera tenido que llamar al orden en un momento determinado de su intervención por graves conceptos ofensivos que ha manifestado usted hacia el interviniente anterior. Le quiero pedir que retire, para que se retire, porque esto naturalmente queda escrito. ¿No va a hacerlo? Pues mire usted, el próximo… Yo le he llamado en este momento… Claro, no le puedo llamar al orden al no ser un diputado o diputada, pero le aseguro que si vuelve usted a decir eso tendré que suspender esta comparecencia. Usted no puede llamar lo que ha llamado al interviniente anterior que ha sido tan bien cordialmente invitado como ha sido usted, y usted puede tener las diferencias de criterio más abismales con él, pero usted no puede verter las gravísimas ofensas que ha hecho al señor interviniente anterior. Y le ruego por segunda vez que piense que lo que ha hecho usted es muy grave, con una ofensa muy grave, y que le ruego que la retire para que no conste en el acta de hoy.

Ada respondió al presidente de la comisión que la misma amonestación debía haberse producido cuando el representante de los bancos había ninguneado antes el problema de los desahucios, a lo que Santiago contestó:

Considero, desde luego, que no ha habido ningún tipo de ofensa de la gravedad que usted ha dado al compareciente anterior, y luego le quiero decir claramente que aquí, quienes estamos, representamos a todos los españoles, a través de unas urnas. Entonces, usted viene con la legitimidad que crea usted adjudicarse con muchas firmas y mucha gente. Aquí, los que estamos, representamos a todos los españoles después de haber pasado por unas urnas y democráticamente, respetando las reglas del juego democrático. Entonces, le ruego también que, a lo mejor no era su intención, pero oiga, aquí hay varios grupos y algunos hemos visto como si nos amenazasen. Mire usted, nosotros, cualquiera de los diputados, en su libertad de conciencia, votará lo que crea conveniente la semana que viene y la próxima. Pero usted, le rogaría que no nos amenace, si votamos o no votamos lo que un compareciente o una compareciente nos diga. Y le reitero, ha venido usted invitada con toda cordialidad. Y usted realmente hoy, ha empleado por unos momentos, por una parte, conceptos muy ofensivos al interviniente anterior, al compareciente anterior. Y después nos ha hecho algunas amenazas a los diputados y las diputadas. Y yo creo que, al menos, debo decir que conste en acta que no estoy en absoluto de acuerdo.

Es decir: el millón de firmas de la plataforma, recogidas según la normativa establecida por ley en 1984, no tienen legitimidad democrática. La legitimidad que dan las firmas se las pasa Santiago por bajo del arco de la Fuente de Cella. Aquí lo que importa es el voto, depositado cada cuatro años. Y punto. Entretanto sólo existe la dictadura de la democracia. Parece que Santiago olvida uno de los principios fundamentales de la democracia española, recogido en el artículo 1 de la amantísima Constitución: “La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado”. No debería olvidar Santiago la máxima de que aquí, quien manda, es el pueblo, no el Parlamento. Y el pueblo, sin la maquinaria del Estado, ha reunido un millón de firmas legítimas, algo que no se puede despreciar. Las firmas no son una encuesta: la rúbrica da un consentimiento fehaciente. Dale al pueblo más tiempo y medios de los legalmente establecidos y verás como la iniciativa recoge muchas más adhesiones. El martes, Santiago, fuiste la prueba palpable de que los representantes del pueblo no mantienen un mínimo respeto por el pueblo. Así que no te extrañes si las amenazas de Ada comienzan a cumplirse. Ella dice que su movimiento es pacífico; otros no lo serán tanto. Te lo aseguro.

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