El rodillo de las mayorías

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“Yo soy absolutamente partidaria de la libertad de expresión, pero tengo el mismo compromiso con la libertad de expresión, y con defender la libertad de expresión, digo interna, que con la disciplina. Internamente digamos lo que queramos, y discutamos lo que queramos. Cuando salgamos de una reunión interna, tenemos que respetar lo que ha dicho la mayoría, te guste más o te guste menos. Y si no te vas a otro sitio”

Estas palabras, transcritas literalmente, las ha pronunciado esta mañana Micaela Navarro, presidenta del Partido Socialista, en “Los desayunos de TVE”. La entrevista daría para escribir varios artículos, pero he elegido este fragmento porque enlaza con lo que escribí el viernes. Al parecer, las decisiones de la Ejecutiva Federal del PSOE elegida por mayoría el año pasado deben ser respetadas sin rechistar. Y si no te vas a otro sitio. Es decir, si no te gusta el pacto de Estado contra el terrorismo acordado con el PP te vas a otro sitio. Por ejemplo. Según una noticia publicada en El País, los barones del PSOE en Asturias, Andalucía, Extremadura, Castilla-La Mancha o Comunidad Valenciana accedieron a la firma; no ha trascendido si hubo discrepancias en la Ejecutiva. Se puede decir que la Ejecutiva Federal del PSOE formada tras la elección de Pedro Sánchez  como Secretario General es poco heterogénea. Si no recuerdo mal, Eduardo Madina y José Antonio Pérez Tapias, adversarios de Pedro Sánchez, afirmaron que no había integración. Vamos, que en el día a día del partido va a ser difícil encontrar divergencias. Así que las voces críticas que deberían aceptar lo que ha decidido la mayoría deben estar en la periferia. Y claro, de la periferia al exterior no hay tanto trecho. Solo que en el extranjero hace mucho frío y tienen puntos de vista similares a los de Micaela Navarro.

Yo pensaba que la riqueza del PSOE era ser un punto de encuentro de personas con una tendencia ideológica parecida, basada en postulados progresistas, donde no hay un pensamiento monolítico que aplasta a los integrantes del movimiento. Pero parece ser que estaba equivocado. La presidenta exige más disciplina y pide limitar la libertad de expresión de cara a la galería. Ante la sociedad, discurso único.

Sin embargo, no sé de qué me extraño. La disciplina ha reinado en el PSOE desde la legalización durante la Transición. Por casa tengo un libro de Tomás Escuder, “Lerma Navegació Política”, una biografía del que fue President de la Generalitat y ahora senador, Joan Lerma. A partir de la página 59, bajo el título “Primera lliçó de darwinisme polític”, se intuye el ADN del Partido Socialista.

“En aquests anys 78 i 79, Millán, Pastor i Lerma es plantegen que Albinyana no és l’home ideal perquè porta el camí similar d’un altre líder, Escudero, que, dins la línia rupturista, crispa la societat. I ells volen ser continuistes i es plantegen el tema federal i no introduir de cap de les maneres, elements de discòrdia, que ni són bons ni produeixen efectes saludables”

“L’escabetxina final acaba amb la dimissió del president preautonòmic, Josep Lluís Albinyana, amb la qual cosa fan un pas enrere els corrents nacionalistes dins del partit. Joan Lerma es converteix més en alternativa i vertebra el que ha de vertebrar”

Página 62 de “Lerma Navegació Política” (T. Escuder)

Para confirmar lo que leo por un lado y asegurarme de que ya a finales de los setenta primaba la disciplina, confirmo en “Del PSOE al PSPV: anatomía de una escisión”, de Fernando Millán.

 “José Luis Albiñana, que conoció las tesis de la ejecutiva, se sintió acosado y recurrió a Madrid. Entendía que su antigua pertenencia a la ejecutiva federal y su permanente adscripción a la línea que Felipe González representaba (además de su amistad personal con Enrique Múgica), debía permitirle defender sus derechos y sus proyectos, y aún recoger la ayuda que le permitiese acabar con los planteamientos de aquella ejecutiva de provincias.

Los primeros contactos le hicieron conocer su error inicial. Alfonso Guerra no sólo no le prestaría la ayuda solicitada, sino que participaba de la conveniencia de las tesis expuestas por la ejecutiva valenciana. La batalla de los símbolos, el hazmerreír de España, no podía continuar”

Página 271 de “Del PSOE al PSPV: anatomía de una escisión” (F. Millán)

“Juan Lerma, apoyado por su ejecutiva, solicitó la dimisión del presidente de la Generalidad. Tampoco esta vez le tembló el pulso, como no había temblado en la sustitución del primer alcalde democrático de la ciudad [de Valencia]. Y el secretario general de los socialistas valencianos asombraba al mundo, o cuanto menos asombraba a cuantos le conocían. Lo que había sido interpretado como debilidad durante años se convertía en firmeza ante los amigos y ante los enemigos. Su capacidad para anteponer los intereses del partido y de la sociedad valenciana a lo que podía ser considerado como intereses de amistad no parecía tener límites. No era un secretario general dirigido por su colectivo, sino un dirigente que orientaba a los demás”

Página 273 de “Del PSOE al PSPV: anatomía de una escisión” (F. Millán)

Al Partido Popular siempre se le acusa de propiciar un discurso único. El camino emprendido por Podemos tras las elecciones al Parlamento Europeo también parece dirigirse hacia la uniformidad. Y el Partido Socialista desea reforzar la misma línea comunicativa, más allá de los experimentos mediáticos de Pedro Sánchez. A pesar de todo, cualquier día de estos volveremos a oír a los líderes socialistas alguna crítica sobre el rodillo de las mayorías, el mismo rodillo que la presidenta actual desea potenciar dentro de las propias filas.

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