Otro pueblo sin escuela

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Diario de Teruel publicó hace unas semanas que Báguena perderá la escuela a partir del año que viene. Es un suceso habitual en el medio rural de Aragón, por desgracia, a causa de la despoblación. Lo curioso es que en Báguena no faltan estudiantes: hay nueve alumnos en edad escolar que podrían asistir a clase en el colegio de primaria del pueblo. Según el alcalde socialista de la localidad, Jesús Sanz, el ayuntamiento se encuentra impotente ante la decisión de varios padres de llevar a sus hijos a escuela en la cabecera comarcal, Calamocha. “Estoy triste porque cierra un servicio social básico en un municipio que siempre ha tenido escuela y donde han estudiado nuestros abuelos, padres e hijos. Estoy decepcionado por los padres de los alumnos que han decidido que sus hijos estudien en Calamocha. Lo lógico es que los padres pidan al Ayuntamiento que luche para que no se cierre la escuela. Estoy también impotente porque el Ayuntamiento no puede hacer nada, porque es una decisión tomada por los padres, que son los que tienen la última palabra”, dice el alcalde.

Decepción. Es lo que siente el alcalde de Báguena. Tantos esfuerzos por mantener vivo el pueblo y los ingratos de los padres deciden llevar a sus hijos al colegio de Calamocha.  Cuando unos padres toman una decisión de ese tipo tendrán su razón, digo yo. Por suerte, el municipio no puede hacer nada. En otros tiempos hubiera sido más fácil exigir a las familias escolarizar a sus hijos de forma obligatoria en un centro determinado. Pero ya no. Y eso no debería considerarse como algo negativo. ¿Es una pena cerrar una escuela? Sí. Pero creo que es más importante tener la posibilidad de elegir el propio rumbo, tanto como individuos cuanto como comunidad. La clausura de un colegio rural es reversible, así que no debería dar miedo un futuro sin escuela local. Si en adelante volviera a haber demanda, el Departamento de turno se vería obligado a reabrir las aulas.

O no. Esta legislatura que acaba, gobernada por el Partido Popular en coalición con el Partido Aragonés, se ha caracterizado por los recortes en la escuela rural. Quizás si los recortes hubieran venido acompañados por un plan de reorganización serio y razonado, con dotación económica real y realista, la comunidad escolar habría tenido una actitud más benévola hacia el Gobierno de Aragón. No ha sido así. La propuesta del Departamento de Educación, Universidad, Cultura y Deporte consiste en desplazar al alumnado a internados, según tengo entendido. Es decir, se separa de las familias a los menores de lunes a viernes, emulando un modelo puesto en marcha en los últimos años del franquismo, cuando comenzaba a notarse el efecto de la despoblación en la provincia de Teruel. No es la primera vez que escribo sobre el asunto. Dije que los ayuntamientos buscan a la desesperada atraer familias numerosas para mantener escuelas sin analizar si es la mejor manera para vencer a la despoblación. Esas familias, a la mínima, dejan el pueblo en busca de un destino mejor. Al parecer, en Báguena ha pasado algo así este año: el curso comenzó con catorce escolares y va a acabar con solo ocho porque algunas familias inmigrantes se han marchado. Lo cual me indica que la Administración, tanto local como autonómica, trabajan improvisando, repitiendo modelos que se demuestran fallidos. Solo espero que en los próximos cuatro años alguien piense en nuevas soluciones, llegue a ponerlas en marcha y que, además, esas propuestas sirvan para que de una vez se fije población en el medio rural.

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